lunes, 28 de marzo de 2011


Bebí tanto aquella noche y las siguientes, que por mucho que intento recordar como salí de Padmavyuha, me doy cuenta de que hay grandes lagunas en mi historia.

Lo que ha cambiado no es esta flamante nueva sala de estar llena de luz, lo que ha cambiado es mucho más intangible que eso, es la espiral, la energía concéntrica girando de nuevo…

Entrar en el laberinto ha resultado muy cansado, como viajar en una niebla que te envuelve y asfixia lentamente, de una forma casi dulce. Salir ha sido dejarse arrastrar.

Ahora mirar por este ventanal es algo nuevo, toda mi vida inventando historias tras los edificios y para mi esta escena aun es virgen, y sin embargo la inquietud, la inquietud del equilibrio, la inquietud de las hormigas corriéndome por la espalda, llegando ya casi a mi cuello, impidiéndome recordar como logré encontrar la salida…

Recuerdo el mar de amapolas y aquel olor pegajoso y embriagador, y me recuerdo girando a los pies del oráculo de agua, la sensación de  no poder llenar los pulmones.

1 comentario:

alma dijo...

Hay que ir con las inquietudes de la vida...